Una mañana debería de ser tranquila, o normalmente agitada como correspondiera a una mañana cualquiera de entre semana para una chica que asiste a la escuela en turno de día, sin presiones, ni sorpresas, ni tragedias… fuera de lo normal, claro está.
Pero no, la primera maldición matinal se llama despertador, después de 3 noches sin dormir absolutamente nada, bajo influjos sentimentales que le ahogaban el alma, gastarse una noche entera en estudiar para un examen final puede ser muy desgastante, ¿saben? Pero en fin… la situación es que tras no dormir más que tres cuartos de hora, la alarma dio su grito rutinario, llamándole a sus deberes escolares, desafortunadamente, el grito mecánico no fue escuchado.
Tras haber pasado por un desayuno basado en estrés y maldiciones al ver la hora cuando pudo abrir los ojos, se había dirigido a tomar uno de los buses que le conducían a su bendita escuela, lugar de distracciones, más que nada, donde podía olvidarse por unas horas de su vida doméstica.
¡Oh, Dios! No la quieres esta mañana… pues su bus acaba de chocar con un imprudente taxista que siempre busca ganar paso a como sea. Más de 20 minutos parada en la estación esperando el siguiente bus que repondría al que se hallaba aparcado a un lado de la avenida en espera de la aseguradora.
Llegar a la escuela, bajo la fría lluvia, estando enferma, le había parecido la travesía de su vida.
“15 minutos tarde, no creo… aún estoy a tiempo si el “profe” se retraso al menos un poco.”
Era lo que pensaba mientras casi corría escaleras arriba entre las estructuras que conformaban su facultad, suspirando con pena al encontrarse ya con la puerta de su aula cerrada y viendo, por la ranura de una de las ventanas abiertas como era que todos sus compañeros ya se hallaban presentando el examen final de la materia por la que se había desvelando estudiando.
“Tiempo, si hablo con él, si trato de explicarle de alguna forma, igual y me deja presentar en la siguiente hora”
Volvió a auto-ilusionarse con una salvación que, obviamente, no le fue merecida.
Llevó el resto de las clases con parsimonia aún preguntándose ¿cómo demonios era posible que justo esa clase, justo ese día? Y aún a esta hora, la pobre no se resigna a que esa materia ya es caso perdido en su calificación, pero bueno, habrá que ver gente tan terca…
La vida da sorpresas a cada momento ¿sabían ustedes eso también? Ah, que bien ¿Y sabían que las sorpresas que llegan no siempre resultan gratas? Porque esta curiosa protagonista, de la que les hablo, lleva el haber descubierto eso hoy sobre los hombros, continuemos un poco con su historia…
Pasando su mala experiencia académica se dirigió de regreso a su casa, dispuesta a relajarse un poco en la tarde, pues había quedado de acuerdo con su prima por ir a perder algo de tiempo de ocio en ir a ver alguna película al cine; estando esperando el último bus que le llevaría a su… pues… “hogar” su celular volvió a clamar anunciando una llamada entrante, atendió y se trataba de su prima:
“Eh, sorry, no voy a poder ir, mis papás quieren salir, ahí vemos luego.”
Y bueno, como les digo, pareciera que la suerte no le sonríe mucho hoy que digamos a esta chica, suspiró y terminó la llamada, tomó el bus y regresó a su casa. Viene aquí la parte que les eh comentado sobre las sorpresas…




